
Cartas desde la biblioteca
#00. Una suerte de introducción
Por Edgardo Civallero ǀ 21.06.2024
“Y una biblioteca ¿para qué?”, “¿Ser bibliotecario es una profesión?”, “¿Para ser bibliotecario hay que estudiar?”, “¿Por qué debería ir a una biblioteca si todo está en Internet?”, “¿Y ustedes en la biblioteca a qué se dedican, además de a limpiarle el polvo a los libros y a pasarse todo el día sentados detrás de un escritorio?”
Llevo un cuarto de siglo, toda mi vida profesional como bibliotecario, escuchando esos comentarios (y otros peores).
Ajá.
Llevo todo ese tiempo, dos décadas y media, intentando explicar qué hacemos los que trabajamos en lo que yo trabajo. Y llevo esos cinco lustros sin conseguirlo, a tenor de lo mucho que se repiten estas preguntas en mi entorno en la actualidad.
Comencé a contar los entresijos de mi profesión hace 20 años, cuando inauguré “Bitácora de un bibliotecario”, uno de los primeros blogs en castellano sobre bibliotecas (el tercero, para ser más exacto). El blog sigue activo, por cierto, con otro nombre, a pesar de sus muchas idas y venidas, y en él no dejo de garrapatear ideas, experiencias, reflexiones, encuentros, desencuentros y, a veces, alguna rabia y una que otra pataleta. La vida es así: no hay luces sin sombras, y las bibliotecas no se libran de todo tipo de problemas.
Contar escribiendo (pero también dictando cursos y conferencias, o grabando podcasts, o…) fue y sigue siendo mi manera de compartir mi pasión por las bibliotecas, los archivos, los museos, y todos esos rincones que hoy llamo “espacios de gestión de conocimiento y memoria”: bibliotecas campesinas, archivos comunitarios, casas de saberes, centros de documentación, bibliomóviles, museos indígenas, salitas de lectura… Todos ellos, sean como sean y estén donde estén, son lugares en donde una comunidad, sea cual sea, se encuentra y se conecta a sus saberes y a sus recuerdos: los humanos en general, y los propios en particular. Y ahí surge la magia de la identidad, de la historia, de la inspiración, de la innovación, de la resistencia, de la lucha, del cambio…
Somos los gestores del conocimiento de la especie humana. Somos los que tejemos sus memorias. Sé que suena grandilocuente, y sé también que muchas veces no estamos a la altura de las circunstancias, pero eso es lo que somos. Una tarea desafiante a veces, imposible otras, pero siempre llena de momentos mágicos, de ventanas que se abren al pasado y al futuro, de secretos desvelados, de oportunidades latentes, de dramas ocultos y tristezas enterradas que afloran en un pedacito de papel, en la esquina de una diapositiva, en una nota al margen de un libro…
El hecho de que “la información es poder” y de que nosotros, en nuestros espacios, la gestionemos, nos da una enorme capacidad para apoyar y acompañar el cambio social, la resistencia cultural, el encuentro de identidades, el descubrimiento de senderos y la construcción de horizontes a futuro, y la elaboración de nuevas narrativas históricas y de miradas alternativas sobre nuestros saberes y nuestras memorias. Somos eso, también. Algo que implica una enorme responsabilidad y una suerte de compromiso fuerte con aquellas personas a las que servimos. Por pequeños que sean, nuestros rincones terminan siendo sumamente poderosos. Y si bien las nuevas tecnologías de la información nos han ayudado a desarrollarnos y a crecer, las bibliotecas no somos (solo) eso. La esencia, lo que nos hace quienes somos desde que empezamos a ser, se ha mantenido inalterada.
Desde siempre, hemos sido los que ponemos los cimientos a los castillos en el aire.
Somos, pues, mucho más que estantes, polvo, cajas y olor a papel viejo. Y voy a estar compartiendo eso, todo eso, en una serie de cartas que escribiré desde la biblioteca y que les haré llegar a través de este medio. En ellas, y hasta donde mi escaso talento literario lo permita, intentaré mostrarles el backstage de nuestro trabajo, las razones por la que hacemos lo que hacemos, los encuentros y desencuentros, los asombros y alegrías, los muchos caminos a recorrer, y los muchos ya recorridos en los cinco milenios de historia bibliotecaria.
Entonces… ¡no me pierdan el rastro!
Texto: Edgardo Civallero. Fotografía: Edgardo Civallero. Materiales gestionados en la Biblioteca & Archivo de STRI. Fecha de publicación: 21.06.2024. Ultima modificación: 24.08.2024